Mostrando entradas con la etiqueta pensamientos dispersos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pensamientos dispersos. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de enero de 2015

ESTOY DE VUELTA


Estoy de vuelta. Sin ruido y con calma vengo a entregarte lo único que poseo: un susurro imperceptible, una página arrugada con estas letras que intentaron ser un verso, las líneas de mis manos que me unen a tu destino y el sentimiento engrandecido que habita en mi pecho. Te daré un beso en la nariz y una mirada azucarada que te haga sonreír… entonces me haré dueña de tu sonrisa, te quitaré la camisa y con ella haré la bandera de libertad que me despierta, que me derrite las rodillas en cada paso que me acerca a ti, mientras espero a que Morfeo te devuelva a mis brazos, en esta mañana azul poblada de libélulas.

¡Ah! pero apenas respiras y no sabes que estoy aquí, porque duermes profunda y plácidamente ajeno a mi presencia. Ajeno al sacrificio que me costó llegar a esta frontera que divide mi universo en fantasía y verdad, donde se me dobla el horizonte y el sol se hunde efervescente en la mar. ¡Si vieras como se vació el océano en mi copa y el sol tomó la forma de un gajo de naranja! pero no lo ves… y no ves que estoy tan cerca, embriagada, sorbiendo tragos de mar y retorciendo el horizonte hasta que quieras despertar y tan solo te des cuenta que estoy de vuelta… que acabo de llegar.

Ingrid Gomez Natera 2005

Imagen tomada de Internet

miércoles, 1 de diciembre de 2010

A UN LADO DEL TIEMPO

Tú, al otro lado del tiempo, vestido con cenizas de olvido. De este lado yo, llena de frío, donde se acaban las ilusiones y se pliega la esperanza sin motivos.

De aquel lado tú, encallado en puerto de falacia interminable. De este lado yo, esperando a que la vida me rescate y me traiga en un momento a tus brazos, para lavar las cicatrices de guerra que te cubren, limpiar el sudor de tu cansancio, borrar con mis besos las huellas del sol que quemó tu rostro, retorcer tus suspiros desilusionados, para darle ritmo de música salvaje.

Me atrevo a reclamar el aliento de vida, para curar las fisuras que te deforman y cambiar las tonalidades del invierno que manchó tu camisa por un verano de pasión.

Intentaré reconstruir a mi antojo los años que perdimos en el desierto, uno del otro tan distante, ausentes del mundo en que vivimos.

Pero... ¡Ah! Esta vida que no vivimos, este tiempo roto y malgastado en aventuras pasajeras. En trivialidades... en momentos de placer y juventud que se diluyen con los años...

Giro y me detengo de este lado de la vida al tic-tac de mi reloj... y compruebo, con dolor, que las velas del viejo velero de mis sueños, están tan cansadas como yo. Están gastadas. Perdidas en un segmento remoto, donde el horizonte se nos pierde en los cimientos de la noche, cubriendo de silencio estival nuestros caminos desiguales, nuestros días quejumbrosos de prohibidos atardeceres.

Encuentro tus ojos a través de otras dimensiones y busco final a la distancia involuntaria. A esta distancia brutal a través de la cual te amé. Esa distancia impalpable en la que me amaste sin medir periodos ni espacios, esa distancia que no debilitó nuestros sentimientos inquebrantables y que nos mantendrá separados... tú, en el ártico frío de tu estatura, y yo... en el antártico imaginario de mi senectud, hasta el día en que se rompa la barrera de los años que nos distancia, devolviéndonos a nuestra edad.

Por Ingrid Gómez Natera
Agosto 2003

                                                                                                                                                         Imagen de Internet



domingo, 14 de noviembre de 2010

EL ESPECTRO DE TU LLEGADA

      Apago el motor. Su mutismo se hace eco del silencio que mece  la nada. Apago los faroles.  Las luces se degradan hasta perderse en las sombras donde habito yo con mi musa dormida.

    Enciendo un cigarrillo,  el octavo de la noche. Con su rojizo punto de luz, ojo de luciérnaga de otros infiernos, de vez en cuando ilumino la distancia.  El humo vago me inunda. Me preña su fragancia seca. Hincha mis pulmones, mi esófago, mi garganta muda y espero en vano tu llegada sin aviso.

Galopan las olas quebrando el silencio y creo escuchar tus pasos, rompiendo las hojas secas del camino. Pero no son tus pasos, es mi imaginación, la fuerza de mis ganas de sentirte llegar, mi deseo febril de dibujar tu silueta bajo la luna. Mi loca pretensión de soñadora de sentir tus abrazos, mientras estampamos la arena. Mientras escuchamos las olas rugir y vemos  la luna risueña galopar junto a nosotros en el inquieto espejo del mar.  Dejo de escuchar tus pasos, creo palpar tu respiración cálida cerca de mí y tu perfume me inunda embriagándome de deseo. Apago el cigarrillo, sé que te molesta cuando fumo.

Con mis ojos cerrados me dejo llevar por el susurro que creo proviene de tu voz, que se acerca y se va, girando en torno a mí, según las ondas sonoras que circulan en el aire.  Una inoportuna interferencia me borra tus vocablos.  Es el locutor de media noche, olvidé apagar el radio.  Miro el camino tenue: un perro callejero escarba el suelo y nada que hable de tu llegada. Me aferro al guía, giro la llave. Estoy borracha de sueño. El ronco motor se acelera y dando curvazos, sigo mi camino, ese camino que me llevará a ti, por que eres tú quien me espera.   


Ingrid Gomez Natera
23 Mayo 2004

Imagen tomada de internet

lunes, 25 de octubre de 2010

CUESTION DE IMSPIRACION

Me piden que escriba. Hago un intento, pero mi inspiración se ha ido. Está lejos de mis dominios. Lejos. En un rincón oscuro e inalcanzable, donde se tejen los sueños que no despiertan hasta pasar el invierno. Me vuelco en la angustia de este tiempo sin retorno, buscando palabras con las que pueda trenzar la madeja de frases que reflejen mis pensamientos más remotos. Pero el estío me deshoja. Me derrite junto con estas páginas que intento salvar del fuego, de un olvido involuntario.

Observo a mí alrededor. Busco ayuda en mis semejantes y huyo con gente que pasan deprisa, cargando maletas repletas de quimeras sin materializar. O con otros que caminan desgarbados por el peso de un pasado insoluble, que va deformando sus huesos.

Miro al cielo y me pierdo en la espesura de infinitas interrogantes, que vuelan con el viento hasta disolverse en la nada o  me hundo en el océano, intentando cristalizar el sonido de un momento, en el vaivén azul e incansable de su vastedad. Pero me detengo en esta línea, al silencio de mi voz. En el mutismo de este instante en que pretendo recolectar, a través de un soplo, viejas palabras  que motiven mi inspiración, para anudarle las alas junto a los arpegios asonantes de una canción olvidada que te pueda regalar.

©Ingrid Gómez Natera
26/7/3

Esta imagen es bajada de Internet



lunes, 4 de octubre de 2010

ESTOY DE VUELTA

Estoy de vuelta. Sin ruido y con calma vengo a entregarte lo único que poseo: un susurro imperceptible, una página arrugada con estas letras que intentaron ser un verso, las líneas de mis manos que me unen a tu destino y el sentimiento engrandecido que habita en mi pecho. Te daré un beso en la nariz y una mirada azucarada que te haga sonreír… entonces me haré dueña de tu sonrisa, te quitaré la camisa y con ella haré la bandera de libertad que me despierta, que me derrite las rodillas en cada paso que me acerca a ti, mientras espero a que Morfeo te devuelva a mis brazos, en esta mañana azul poblada de libélulas.

¡Ah! pero apenas respiras y no sabes que estoy aquí, porque duermes profunda y plácidamente ajeno a mi presencia. Ajeno al sacrificio que me costó llegar a esta frontera que divide mi universo en fantasía y verdad, donde se me dobla el horizonte y el sol se hunde efervescente en la mar. ¡Si vieras como se vació el océano en mi copa y el sol tomó la forma de un gajo de naranja! pero no lo ves… y no ves que estoy tan cerca, embriagada, sorbiendo tragos de mar y retorciendo el horizonte hasta que quieras despertar y tan solo te des cuenta que estoy de vuelta… que acabo de llegar.


Imagen tomada de Internet
        Ingrid Gomez Natera 2005