Apago el motor. Su mutismo se hace eco del silencio que mece la nada. Apago los faroles. Las luces se degradan hasta perderse en las sombras donde habito yo con mi musa dormida. Imagen tomada de internet
Las palabras...mas que un universo...
Apago el motor. Su mutismo se hace eco del silencio que mece la nada. Apago los faroles. Las luces se degradan hasta perderse en las sombras donde habito yo con mi musa dormida. 


Me piden que escriba. Hago un intento, pero mi inspiración se ha ido. Está lejos de mis dominios. Lejos. En un rincón oscuro e inalcanzable, donde se tejen los sueños que no despiertan hasta pasar el invierno. Me vuelco en la angustia de este tiempo sin retorno, buscando palabras con las que pueda trenzar la madeja de frases que reflejen mis pensamientos más remotos. Pero el estío me deshoja. Me derrite junto con estas páginas que intento salvar del fuego, de un olvido involuntario.
Estoy de vuelta. Sin ruido y con calma vengo a entregarte lo único que poseo: un susurro imperceptible, una página arrugada con estas letras que intentaron ser un verso, las líneas de mis manos que me unen a tu destino y el sentimiento engrandecido que habita en mi pecho. Te daré un beso en la nariz y una mirada azucarada que te haga sonreír… entonces me haré dueña de tu sonrisa, te quitaré la camisa y con ella haré la bandera de libertad que me despierta, que me derrite las rodillas en cada paso que me acerca a ti, mientras espero a que Morfeo te devuelva a mis brazos, en esta mañana azul poblada de libélulas.
La vieja se llevó el tabaco a la boca sin equivocarse. ¡Manías de viejos¡ Ella no se encontraba la boca para comer, puesto que estaba ciega, obligaba a Josefa cada día a darle la comida. Chupó tres veces el tabaco, masticó el humo, lo tragó, luego lo echó al aire como si hiciera un extraño ritual. 
1,000 paginas, 19 días. Todo un documental de la guerra de secesión de Estados Unidos, de las costumbres, creencias, modas y paisajes de la época, en que se desarrolla: 1861 a 1871. Personajes cautivantes como Rhett Buther (mi favorito), Scarlett O`Hara, Melanie Hamilton y otros, llevan al lector a través de esta historia plagada de amor y de odio, de pasión y sentimientos muy profundos. De coraje.
Este premio, entregado cada año por la Secretaría de Estado de Cultura, tiene como objeto premiar a la mejor obra del año del escritor dominicano. Esta vez ha sido galardonado, el pasado 12 de junio, el septuagenario Marcio Veloz Maggiolo con su obra Memoria tremes. Desde este blog extendemos nuestras felicitamos al prolífero escritor por obtener una vez mas otro premio que engalana su carrera.
“Espero no defraudarte” me dijo Blanca cuando le comenté que finalmente había adquirido el Legado. Y efectivamente, no me defraudó. Fueron cerca de treinta y seis horas, unos cinco días para devorarlo. De intensa lectura, un viaje a lo largo de 70 años que volaron como si nada, a través de 411 paginas, empacados en capítulos llenos de emociones, sorpresas, historia, suspenso y sobre todo, oscuros pasadizos. 


Parte II
9:35a.m.: Salgo del garaje y conduzco cuesta abajo con la esperanza de poder robarme unos minutos en el trabajo y terminar el diálogo que llevo gravado en la memoria USB. El portero registra la hora levantando la ceja derecha. Mando a llamar a uno de los muchachos para que revise la batería y el aceite de mi ”troncomovil”, mientras subo a las oficinas. Allí los teléfonos, aquí el fax. La compañera de trabajo me informa lo intranquila que ha transcurrido la mañana. Hay un hombre esperando que sólo habla francés… ¡Bon jour! Bon jour!! Y bla, bla, bla y los veinte minutos previstos para concluir mi dialogo se fueron allí. Me conformaré con terminarlo en la hora de almuerzo, pero ésta también se va, con la jefa suiza quejándose por aquí, gritando por allá, (Siempre me he preguntado si todos los suizos gritan así). Mi diálogo suspendido en cualquier rincón de mi memoria, mientras van cartas por allí, cheques por allá, estados aquí, llamadas allá, hasta que llega la hora de volver a casa.
5:10 p.m.: Es hora de partir (con suerte es más temprano) Apago la Mac intosh con la imagen de mi esposo y mi hija en medio de un mar intensamente azul, como fondo de pantalla. Cierro mi oficina y reviso las demás. Pongo la alarma y bajo la escalera diciéndome: ¡Por fin temprano a casa! ya tendré tiempo de sentarme a hacer algo antes de la cena.
5:35 p.m.: Conduzco cuesta arriba y mientras subo a lo alto de la casa, las caritas de los niños atestadas en la baranda de la terraza gritando: ¡Mami! ¡Mami! Eso es gratificante después de un duro día. Abrazos y besos y quejas y regaños y en fin... La nana-femme de ménage se despide después del resumen del día. Jugar un chin con los niños, hablar otro chin con el esposo, quien ha llegado mas temprano también. Bajo a regar las plantas que sembré en el fin de semana, una cosa aquí y una cosa allá, sin apartarme del dialogo fabuloso que quedó a medio talle y que me arde en el disco duro dentro de mi cabeza.
6:30 p.m.: Mientras los niños están frente a la TV aprovecho para hacerles un bizcocho: 2sss taaaazassss de hariiiina, 2ssss hueeevossss, azúuucar, eeetc., y batir y batir hasta que los niños descubren que mami hace biscocho y entonces corriendo vienen a ver: ¡Mami, Bichochoooo!!! Y como no alcanzan el tope de la cocina, buscan sus sillitas para poder subir y ver mejor lo que mami hace. ¡Uhhh! La mezcla apetitosa y en lo que doy una vuelta para tomar el molde, ya tienen sus pequeñitos dedos en la mezcla, ¡Uhhh drico, mami, drico! Tengo que quitarla corriendo antes de que la coman toda.
7:30 p.m.: Hora de la cena. Otra intensa lucha para llevarlos a la mesa. Y un cuento aquí, una canción allá, un dibujo aquí, una vaca allá, hasta que terminamos.
8.55 p.m.: Es hora de ir a la cama. ¡A la cama! Grita mami, ponen resistencia pero se entretienen en el baño, a cepillarse, la pijama, la última leche y a dormir.
9:30 p.m.: ¡Por fin! Puedo ir tranquila a sentarme frente al PC. Subo las escaleras, con menos ánimo que en la mañana. Cuando la enciendo escucho: ¡Mamiiii!!!!! Entiendo que tengo que bajar y queja aquí otra allá, y…hasta que vuelven a calmarse y yo a subir nuevamente las escaleras, con las rodillas aun mas pesadas. Los libros regados en todos lados me recuerdan que en algún momento debo ocuparme de ellos. Pero me siento frente al PC. Por fin empiezo a teclear. Pero el dialogo ya no lo encuentro tan interesante... No tiene la emoción que tenía en la mañana. Borro línea y las vuelvo a escribir hasta que empieza a surgir algo interesante nuevamente.
11:00 p.m.: se ha ido un poco lejos. Entre diálogos y escenas, y los personajes se están riendo de mí porque se han salido con la suya y ya no los puedo controlar. Tengo que revisar el esquema. Tengo que detener el libre albedrío de estos personajes. Bostezos y más bostezos. Bajo a prepararme un té. Tal vez ahuyente el sueño, pero el té solo me dio calor. Quiero seguir, pero el sueño y el cansancio me vencen. Tengo que conversar con la almohada por unas horas. Debo encontrar la manera de hacer obedecer a estos personajes, quizás mañana encuentre la manera y… bajo las escaleras arrastrando los pies y bostezando hasta mas no poder. Mañana será otro día para seguir intentando ser escritora. ZZZZ
